Toledo en obras: La colección de fotografías del constructor Mariano Martínez Herranz - Ayuntamiento de Toledo

Mariano Martínez Herranz

Mariano Martínez Herranz

Mariano Martínez Herranz nació en Hontanar (Toledo) el 8 de julio de 1921. Era hermano de Esperanza, Juan, Segundo, Máximo y Ángel nacidos entre 1912 y 1922. Sus padres, Mariano Martínez Moreno y Juliana Herranz Sáez, eran naturales de las localidades conquenses de Carrascosa del Campo y Beteta, respectivamente.

El progenitor figura en el padrón municipal de 1935 domiciliado en el número 11 de la calle de Sixto Ramón Parro, ejerciendo la profesión de “Contratista de obras públicas”. Este debió ser el motivo por el que la familia llegara a Toledo posiblemente a finales de la década de 1920. Lo cierto es que por el lugar de nacimiento de los hijos sabemos que antes de vivir en nuestra ciudad lo hicieron en Cuenca (1912-1916), Huerta de Valdecarábanos (1916) y Hontanar (1921-1922).

No nos ha de extrañar que Mariano Martinez Herranz deseara seguir los pasos de su padre, montando una constructora que tuvo su sede en la calle Núñez de Arce. Desde allí desplegó una gran actividad tanto en obra privada como pública. En más de treinta expedientes de licencias de obras particulares figura su nombre como peticionario abarcando un periodo que va de 1951 a 1982. Pero, sin duda, realizó muchas más, sin que su intervención figure en los documentos municipales. Construyó casas, edificios, cigarrales… ejecutando proyectos de arquitectos como Flaviano Rey de Viñas, Rodolfo García-Pablos, Fernando Chueca Goitia, Carlos Cano Cruz, Rodrigo del Castillo Martín-Maestro o Guillermo Santacruz. Obras suyas son el tallerón del Museo Victorio Macho o el cigarral San Jerónimo de Chueca.

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No descuidó en absoluto la obra pública y sus primeras intervenciones en la ciudad de las que se tiene constancia en el Archivo se datan en los primeros años de la década de 1950 al ejecutar la construcción del aparcamiento situado en el Corralillo de San Miguel, en los alrededores del Alcázar, y al arreglar unos pilares que sustentaban la tubería que traía aguas del Torcón. Pero especialmente significativa fue su intervención en las obras de urbanización de buena parte de las calles del Casco Histórico de Toledo entre los años 1959 y 1963, consistentes, casi siempre, en el cambio de tuberías (agua y alcantarillado), adoquinado y arreglo de aceras.

Su constructora recibió en marzo de 1961 el título de Empresa Modelo de Previsión Social, noticia que fue publicada en el diario El Alcázar y que recogemos como Anexo. Unos meses después lo recibiría a nivel nacional. Pero no fue esta la única distinción y homenaje que obtuvo Mariano Martínez como empresario en esos años del franquismo.

Su actividad como constructor (destajista le llaman a veces en los documentos) se prolongó al menos hasta 1982, compaginando su ejercicio profesional con una interesante vida pública pues, no en vano, tomaría posesión del cargo de concejal del Ayuntamiento de Toledo en la sesión de 7 de febrero de 1971, siendo alcalde Ángel Vivar Gómez. Le acompañó durante todo su mandato que terminó el 19 de abril de 1979.

En este tiempo llegó a presidir, hasta 1975, la Comisión Municipal de Urbanismo y Obras Municipales. Y suyas son algunas mociones publicadas en el Boletín de Información Municipal.

Su muerte acaeció el 8 de junio de 1994, a los 73 años de edad.

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A lo largo de su vida debió reunir un buen conjunto de fotografías que testimoniaran su actividad pública y privada. Le interesaba reflejar el trascurso de las obras en las que intervenía encargando a fotógrafos locales como Alfonso, Celestino y, especialmente, Flores que realizaran instantáneas sobre la evolución de su ejecución. Sin duda, su archivo debió estar formado por muchas más ya que apenas hay imágenes posteriores a 1965 pero las donadas por sus herederos al Ayuntamiento de Toledo son excepcionales ya que reflejan un periodo muy interesante de nuestra historia. La protagonista principal de muchas de esas fotos es la ciudad herida, rota, abierta, descarnada, como un enfermo que espera que el médico le sane. Y con ella los obreros, con las escasas medidas de seguridad de la época, y los toledanos que miran su trabajo o pasan junto a ellos con indiferencia. Las imágenes son frescas. No hay poses. Y, a veces, solo reflejan cañerías, enganches, montones de adoquines… en calles determinadas. Fotos inusuales y, por eso, si cabe más valiosas. En algunas de ellas aparece el constructor comprobando su evolución.

En total nos han llegado 592 fotografías en papel, en blanco y negro, de formatos muy diferentes, que ha habido que identificar, datar y ordenar para facilitar su descripción porque originalmente estaban en sobres por calles sin más referencias. Se han identificado tres grandes bloques. El primero estaría formado por fotos personales no relacionadas directamente con obras. Entre ellas se encuentra un buen reportaje con la firma del convenio laboral de la construcción en 1961 y otros sobre su participación en concursos provinciales de albañilería (Fotos 1-59). El segundo, menos numeroso, recoge imágenes de las obras realizadas en algunos edificios privados (Fotos 60-85), destacando el tercero (Fotos 86-592) que refleja su intervención en obras municipales.


Mariano García Ruipérez
Archivero Municipal de Toledo

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